viernes, 27 de marzo de 2020

Escudo humano


Hoy mi mundo es un escudo humano.

Las calles se encuentran vacías,
las tiendas han cerrado
y el ruido de los coches resulta ensordecedor.

Una mañana oímos la noticia,
la ciudad se contagiaba,
las carreteras se llenaban de huidas
y la vida, tal y como la conocíamos,
cambió.

Como si fuera un sueño o mala pesadilla,
estábamos tan asustados
como animales enjaulados,
con el corazón encogido
con la salud debilitada.

Mientras las patrullas vigilan ciudades fantasmas
nos consumimos por el trastorno de nuestra generación,
esa llamada ansiedad,
el insomnio nos apodera,
el tiempo se paraliza
y otros mueren en soledad.

Entonces nos tocó vivir lo mismo,
la misma situación,
la misma pena y miedo,
ese cansancio mental incesante.

Lo individual se disuelve
y los problemas de todos son los problemas de uno,
y nos preguntamos entre nosotros
si estamos bien.

En la radio las noticias y los podcats se intercalan,
la música intenta evadirnos
y los libros nos ayudan a viajar.

Nos unimos a cuerpos ajenos,
cuerpos a distancia,
cuerpos que te protegen de este dolor compartido
en el refugio del hogar.

Y ahora no nos queda otra que pensar en los reencuentros,
en los cafés y los amigos,
las salas de cine, los teatros.
Pienso en abrazar a mi padre.

Los héroes y heroínas son quienes están más cerca del dolor,
se visten de blanco y todos los días
reciben aplausos por estar en primera línea de batalla,
por combatir en esta guerra que nos recluta
y que al resto, sólo nos pide solidaridad.

Cuando todo esto pase
nos acordaremos de los detalles,
del salón convertido en oficina,
las estaciones vacías y los aviones sin pasajeros,
de lo inevitable que era pensar que nos faltaba el aire.
Esa protección de sentirnos acompañados
con menos frío por dentro.

Recordaremos salir al balcón a buscar el sol,
cómo acudíamos a las fotografías para rememorar momentos,
el miedo a que el alzheimer haga que se olviden de nosotros,
volvernos mejores personas.

Llegará el momento en el que una mirada
o el deseo urgente
de nunca estar de nuevo a solas
regrese a nosotros.
Entonces podremos sentirnos frente a frente,
cálidos, como antaño,
nunca más extraños
y nos volveremos siameses.