sábado, 16 de mayo de 2015

Sin salida

¿Sabéis esa sensación de dolor incómodo?
A veces llega alguien y por algún motivo tiene que irse. Y cuando se va deja abierta un herida bien grande.
Y escuece.
Y pasa el tiempo y no dejas de preguntarte que si sólo es una herida por qué escuece tanto. Hasta que llega el día en el que la herida ya no es más que una cicatriz.
A veces les coges cariño y las miras y no te arrepientes.
Porque te has curado tú sola,
o porque no te importó arriesgarte para hacerte daño.
Tienes que entender que no siempre las cosas salen bien,
o simplemente no salen.
Que por algún motivo llegará el día en que uno de los dos se descuelgue y mientras uno sigue caminando, el otro tiene que saber andar por sí mismo.
Y tu cabeza se empieza a llenar de preguntas de las que no obtienes una respuesta rápida,
y la mayoría empiezan con ese por qué que tanto nos cuesta.
Nos cuesta comprender que si todo estaba bien por qué tiene que acabar,
por qué el cuchillo que antes era de metal ahora es de plástico.
Entonces piensas que lo mismo debes volver a tener la ilusión de encontrarte en otros ojos,
de buscar otras manos,
de llenar los vacíos que en ti quedan.
Parece que tus ganas de volar también se esfumaron,
o se fueron con él y crees que se las llevó,
y tristemente sientes que alguien tiene que empujarte para que vuelvas a volar.
Pero la solución no está en sustituir a nadie,
porque pasan los años y los daños, y sabes que siempre hay alguien que aunque no esté, siempre va a quedar macado en tu memoria,
porque el amor se cocina a fuego lento
y el olvido es simplemente una palabra que se pronuncia siempre con los labios,
y pocas veces con el corazón.
Es esa sensación de echar a alguien de menos que está de más,
aunque en realidad no puedes odiarle,
y el caso es que no todo se acaba aunque él acabe.
Pero antes de todo eso tienes que saber coserte bien la herida,
no siempre resulta fácil pero puedes salvarte,
sólo tienes que agarrarte fuerte.

jueves, 23 de abril de 2015

#3 Abrir-abril

Cada día pienso que debería darme una oportunidad.
Debería dejar de estar siempre distraído,
de leer los mismo libros y ver las mismas series una y otra vez,
que nunca cambian y tampoco me hacen cambiar.
Cada vez que me llamaba por teléfono para contarme sus historias yo intentaba darle los consejos de esos que sueles dar a alguien que aprecias, hasta que llegó el día en el que se hizo la inversa y me contestó algo que quizá no quería escuchar pero que sí necesitaba:

"Tú que siempre dices que el tiempo en lugar de correr, vuela y dejas que el tuyo se escape a una velocidad que ya ni siquiera alcanzas,
tú que permaneces postrado contra el sofá esperando que las cosas pasen,
dando consejos que no te aplicas,
siguiendo la misma línea de vida que no hace que te muevas de ese punto tuyo de inflexión,
tú que no haces que la vida te suceda."

En ese momento comprendí que cuando dejas de abrir tus ojos a la vida te conviertes en un abril sin primavera. Porque todos somos en el fondo un poco egoístas y creemos que el mundo que se mueve a tu alrededor es ese que va a subir tus persianas cuando en tu habitación no entre más luz, pero es ese mismo mundo el que te está esperando fuera cuando decidas levantarte por ti mismo del sofá y dejar que suceda.

jueves, 9 de abril de 2015

I Concurso de Microrrelatos #MicroOlorALibro

"Era el aire de la primavera lo que ella llevaba en los ojos,
pero en ellos llovía como en un eterno invierno"

viernes, 20 de marzo de 2015

#autoayuda

Luvia sin ocasión,
tanto por dentro como por fuera.
Dolor que no se nota,
que no se ve.
Nunca me haces caso y no dejo de decírtelo,
que no te derrames,
que no dejes de ser,
tampoco de estar.
Que no te derrames,
sube tramo a tramo.

jueves, 19 de febrero de 2015

19/02/2015

Me da miedo ver la realidad. Las cosas sin filtros, las personas sin cosméticos, sin abrigo.
Me asusta ver cómo los ideales de la gente de hoy en día se basan en ideales estéticos y no de corazón, de ideas. Que esas ideas no sean el reflejo de la mente, sino la continuación de un canon que tendemos a seguir porque alguien lo marca. De cómo nos convertimos en el reflejo de un muñeco de plástico.
Me da pánico pensar que mañana la música que escucho no será más que un zumbido en mis oídos. Pensar que quizá mañana deje de maquillarme por dentro para hacerlo por fuera, sin tampoco saber con demasiada exactitud a quién pretendo gustar olvidando gustarme a mí misma.
Siento pavor por no sentir tolerancia algún día con los demás porque nadie la tenga conmigo, dejar la empatía para disfrazarla con alguna máscara que intente ponerme a mí por delante.
Me alarma la ignorancia porque no quiero caer en ella, sentir que mis ideas pueden nublarse y no tener un paraguas a mano.
Me asombra que cada día las manos que quieren matar la cultura, la creatividad y el arte sean más fuertes y estén haciendo de todo ello algo inalcanzable sin que exista una fuerza mayor que logre combatirlas.
Tengo desconfianza de todos aquellos que me dicen lo que tengo que hacer; recelo por los que me posicionan por debajo de ellos y espanto por los que se acomodan en un escalón en el que no hacen nada por subir.
Pero lo que más me abruma, es la manera en la que la gente vive sin miedo a la incertidumbre.

domingo, 1 de febrero de 2015

#2 Febrero orgásmico

Te imagino como un equilibrista en mi boca,
sobre la cuerda floja de mis antojos,
en el asfalto de las horas caminando.
Trapecista en mis vértices,
donde puedes ser el polvo que ahí siempre queda,
muy dentro,
tanto que ni siquiera yo pueda sacarte.

Destrózame este febrero con algo de vida,
pero no me duelas.