viernes, 22 de junio de 2012

Huele a nuevo, a regreso, a euforia.

Voy a oscuras, busco a tientas, doy pasos temiendo que sean en falso y me hago diferente a mí misma. En mi refugio, donde me invento cada día, he construido una habitación donde pasa el tiempo, sabe a cola fría y a pasado oxidado. Me sobran deseos, me hace falta, tal vez, algo de vida. Si tan solo este mundo no fuera incompleto, nada sería injusto. 
Aquí se viene para llegar a ninguna parte, y el que sufra por ello, que mejor se busque un sendero para caminar, porque yo cuento verdades tristes que alegran los corazones. Por eso, o quizás porque la melancolía invade mis ideas más claras y las nubla, he dejado de mirarme en el espejo y por la noche me saludo en voz baja para saber llegar a casa, no quiero saber nada del tiempo hasta que no venga alguien para agotar todo el mío.
Veo salir los aviones, queriendo ir algún día en uno de ellos volando, confío salir de este cuerpo, que no me queden palabras y que mi voz en off no pare de gritar. Quiero aprender a escuchar sentimientos en acústico, ser de esas personas que encontraron la felicidad por su manera de vivir despacio. Reconocer el olor a casa, ser como agua hirviendo, pues en este desierto, sólo habrá futuro para los que crean haber encontrado un oasis en el interior de su mente.
A lo mejor es que no has escuchado a nadie decir que la soledad te ha vuelto mas hermosa, quizás sea así, de la nada o en medio de un café, cuando menos te lo esperas ves la vida al otro lado de la calle paseando cansada de nosotros, de todo. Y es ese todo el que nos evita, nos hace frágiles y nos convierte en criaturas de otro mundo, el propio.
Voy a jugar con las letras hasta formar laberintos llenos de cerezos, esperar al otoño para andar por las ramas de mis pensamientos. Voy a escribir.









domingo, 15 de abril de 2012

Vingt-trois mois mon cher.

Hay días así. Días que no se sienten, cuando cruzan nuestra vida sigilosos. Días que se vuelven viento. Estos días insolentes en los que tu ropa se ajusta y mi cuerpo se descuelga.
Eres tú el que me has creado, el que me rompió y moldeó según tus labios, tu mirada, tu sonrisa y tu calor. Todo lo anterior a ti me suena estúpido, y aunque pueda ofrecerte todo, todo es poco.
Es todo ese ruido que en mi mente se disfraza de tu voz, y me miente. El mismo que hace de una frase una guerra. Hace de una vida una excusa, y sin dejar de lado esos recuerdos que hacen de tu cuerpo y el mío un espectáculo.
Y es que es la noche la que dice todo sobre ti, y ayer me susurró que a veces, sólo a veces vale más cualquiera de tus besos en una de mis mañanas que todas nuestras caricias juntas.

martes, 10 de abril de 2012

I write dark


Soy un corazón oxidado que muere de sed y se ahoga en orgullo para pasar las penas. Para pasar las penas escribo, intento hacer de un enlace con tres letras en inglés unidas por guión algo decente.
Ser una página en blanco tiene la ventaja de poder ser arrancado por alguien y poder volver a escribirse de nuevo, remodelarse en cada escrito y esconderse tras cada palabra para de una forma u otra reflejarme en cada una de ellas. Siempre tuve un gran problema trascendental, un laberinto irreal creado por mí misma en cual no encuentro mi sitio, busco donde encajar, pretendo elegir las palabras correctas para definirme, saber quién soy y aprender a no dudar y a saber pensar con los pies fríos.
Por eso me refugio aquí, porque soy de esas personas aburridas que suelen morir ocasionalmente sin previo aviso en repetidas veces y recurro a este lugar para hacerme notar y contarlo. Hablar con letras desgarradoras, con ternura o pasión, hablar de amor, dolor o gozo y todo ello hacerlo escritura, escribir desde lo más oscuro.
Escribo oscuro, sí, escribo desde lo más oscuro para dejar la vergüenza que me habita, sin hacerme notar, y poco a poco dejar que algo de luz me deje ver. Que hay ojos que aunque parecen vivos, están vacíos, y aún así parpadean, es todo ruido que en mi mente se disfraza y me inspira, es creerse poeta y morir de hambre, mirar a la luna y estremecerse, es sentirse bien haciendo esto. Es escribir, arriesgarse a gustar o quedar arrinconado en el olvido, dejar sin aliento o hacer esbozar una sonrisa con cada punto y final, ser noche y día, hablar del frío que cala y el calor que derrite.
Hablo con voz rasgada por que soy invisible, y me escondo bajo un sobrenombre de un sentimiento que palpita, y eso es lo que quiero, que palpiten y sean bienvenidos a mi paraíso perdido, donde me presento y me despido a la vez.
                                                                                                                                          
Euforia.

jueves, 15 de marzo de 2012

Soy de esas personas que no saben definirse a sí mismas.


Hay mujeres que enloquecen, que perturban, que engañan o enamoran.
Ella por el contrario se escapa de toda regla, ella es la que juega a mirarse al espejo y se divierte mientras se ríe de sí misma. Ella sonríe sin que nadie se lo pida, se enloquece sola, vive sin planes. Ella es la que inventa sus propias locuras, roba suspiros y atrapa besos para guardarlos en su caja de "recordatorios de un día especial".
Ella fue la que te desenterró del jardín abandonado en el que habitabas, la que te despierta cada mañana y hace que manda sobre todo. La que rebosa un poder invisible que le ilusiona a medias y se le escapa cuando llora, sí, ella es la que llora sin vergüenza a que la miren, y se vuelve otra vez niña.
Ella pidió un rincón para equivocarse y no tener que regresar a disculparse. Se desespera y no escucha razones. Ella es la tirita y la cicatriz. Una victoria, una derrota o tu mayor venganza, distancia o fuerza, perversión y dulzura.
A veces le roba al aire. Se roba a si misma cuando siente que no puede. A ella le gusta ser distinta, es la cordura desatada, la filosofía del que no piensa, ella es por ti.
Imprecisa, sin fin, la parte que puede que perdiste, un imperio, una galaxia por descubrir.
Sólo soy un rincón, una voz. Soy de nadie, yo, la que jura que no sabe nada. Soy el viento desbocado. Y tú quizás recuerdes que yo nunca supe darte una caricia sin hacerte sonreír. 



miércoles, 14 de marzo de 2012

Paréntesis.


Ya había asumido el riesgo antes de ser consciente de lo que estaba haciendo. Seguí adelante sin saber muy bien cómo acabaría esto. Me dejaba guiar por las ganas y el deseo, gateaba a ciegas y tanteaba por un terreno que no conocía hasta llegar a tu cama. Tú con esa atracción transcendental me intimidabas, me dominabas y hacías daño. Tú el indeseado, y yo, te odiaba.
Me hiciste perder mis principios, alejarme de lo normal en mi mundo relativo, me fui infiel a mí misma, me engañé y tú me sedujiste. No te elegí como pasatiempo, sino como compañero de pasiones. Tu voz escondía las ruinas de un amor pasajero y la mía el secreto de una pasión desatada en una habitación oscura y vacía. Voces que atrapan excesos, locuras y alguna que otra memoria, la nuestra guardaba un gemido y una necesidad por falta de aire. Aquella que cubriste y ahora me miras como si nada de esto hubiera ocurrido, como si ya no existiera. No existo yo, no existe esa habitación vacía ni ese jueves de invierno sentados tanteando quién daba el primer beso. Ahora sólo queda la agonía de ese recuerdo, el cual intento ahogar cada vez que te miro. Pero tristemente, hay cosas que ni la razón ni la conciencia niegan y aunque los recuerdos se nublen, la memoria abusa de sí misma y nos hace recordar.
Fue una cosa fugaz y mínima, pero me hizo ilusión.
Fuimos un paréntesis.

jueves, 1 de marzo de 2012

Sobredosis.



Personas que a falta de cordura se enamoran días que no podrían ser soportados fuera de la cama. Entonces no importa mucho la ausencia, porque traigo conmigo la distancia que tanto te gusta, pero acércate.
A veces amanezco a medias, cuando dejo el alma y los recuerdos en la cama y el cuerpo tiene que levantarse. Yo soy un espacio vacío que se llena sistemáticamente en ocasiones excepcionales una vez en la vida. La vida, eso que llevamos a cuestas, lo que estrujamos contra la pared o la silla, lo que le da el amargo y el dulce a los días que pasan cuando hay otro por venir. La vida, como los demás accesorios se guardan bajo la ropa, y en la memoria llevo ese sonido, esas imágines tuyas en todos lados o tal vez mis ganas de extrañarte de cerca.
Tú, siempre tan sublime, elegante, envuelto en deseo, tú eres ese que atraes miradas y robas suspiros. Despiertas malas intenciones de las que se llevan en la boca, lo demás son tentaciones, o eso pienso cuando te veo desnudo, porque dicen que el deseo duerme y despierta para ser derramado en la piel, y tú eres lo que quiero como excusa para no salir de la cama.
Tú y yo somos indeseables como cualquier abultamiento paradójico en la conciencia, pero aún conservamos un tono insultante que agrada en la boca. Recuerdo claramente que lo olvidé todo y el vacío que traje conmigo no es más que un viejo recuerdo, unas ganas de comerte vivo.
Mi alma moribunda te reclama, mi inocencia te llama y mi torpeza te pide ayuda. Pero nosotros como los árboles nos vamos deshojando, aunque sin la necesidad de otoños, lo hacemos con cada despedida.
Hoy soy un gato que ha perdido 5 de sus 7 vidas en el tejado en el que habita, una me la quedo para ti y otra para desperdiciarla esta noche.
























"Though the pressure´s hard to take,
it´s the only way i can escape, but never let me go"






martes, 14 de febrero de 2012

Catorce de febrero


Hoy no sé por qué he vuelto a pensarte, hoy 14 de febrero que hace dos años que no te vuelvo a ver, y hoy precisamente has decidido aparecer de nuevo. Nunca creí que volvería a verte, pensé que acabarías siendo un recuerdo vago en un rincón de mi memoria acurrucado donde no pudiera oírte ni verte.
Todo pasó hace tanto tiempo, decidiste dejarme aquí con miles de excusas, diciendo que te había inundado la monotomía y no encontrabas nada más que poder darme, ya no sentías tu cama vacía cuando yo no estaba en ella. Entonces venías, te ibas y volvías hasta que una vez te fuiste de forma permanente, y yo seguía queriéndote igual.
Ahí estaba yo, pegada el cristal de la cafetería de siempre cuando pasaste frente a mí y decidiste entrar. Sí, eras tú, mirándome a los ojos sin romper ese silencio tan incómodo que se traduce por tu ausencia en todo este tiempo. Aunque no te preocupes, vengo aquí cada día, el café es sólo para evitar la nostalgia que no desampara a ninguna tranquilidad y mucho menos a la mía teniéndote tan cerca.
Ese era el hombre que hizo despertar cada uno de mis sentidos, el que llenaba los vacíos de mis sábanas en mis noches solitarias de los fríos inviernos y me despertaba con el desayuno en la cama, aquel al que le dije todas las palabras que muchos quisieron escuchar.
Acostumbré mi cuerpo a sus manos, para vestirme de ellas cuando andaba cerca, y me sentí helada cuando mi piel no encontraba el tacto de la suya por ninguna parte, y llegaba a ahogarme la desesperación de esta ruptura.
Creí que estaba convencida de haberte dejado de querer, de haberte olvidado y no echaba en falta tu presencia, pero mirándote hoy he aprendido que un amor como el que este fue nunca se olvida, además, aún continúo mirando las puertas cuando escucho el sonido de alguna voz, creyendo que fuera la tuya. Me agredía como acto desesperado de mi cordura.
Eres tú el que hoy confiesa que me llevabas en nuestras solitarias conversaciones, en el consecutivo de nuestros silencios intermitentes y en el vacío de los acentos de mi nombre.
Hoy, catorce de febrero, prendida de tus ojos, hemos revivido lo que un día fue una historia de amor, desteñida por el paso del tiempo y escondida bajo las hojas de los últimos otoños.
Todo lo que fuimos, lo que somos y seremos se queda en el silencio entre las líneas más dulces, porque así hoy lo hemos querido.