Fue una muerte mutua
adornada de un azul impar.
El mapa que hay sobre la mesa
señala el camino hasta ese puerto
donde reina el silencio y el mar está en calma
porque no lo visita nadie,
absolutamente nadie.
Era un silencio usado como recurso o excusa
para ensuciar el ruido en exceso
o buscar una salvación al coro de fantasmas
que tarareaban imágenes en la consciencia.
Te hablaban de fechas, señales y datos
que descifraban un lugar puro y desértico
en el que los chirridos de las cadenas,
oxidadas por una marea ya marchita,
bailaban al compás de un aire cálido
que rememoraba el pasado.
Esa deriva me invitaba al insomnio
para dejar de sentir que mueres a cada instante
cuando cierras los ojos e intentas soñar.
Como el rugido del mar,
doliente a lo lejos;
y esa imagen de las olas rompiéndose en las rocas,
cansadas de tanto luchar.
Y un aire con tono de brisa
que apacigua la noche y la hace serena,
que trae crujidos de ramas y canciones
a un compás de remolino
con acordes de caracola.
jueves, 23 de junio de 2016
sábado, 19 de marzo de 2016
La culpa al tiempo
La noche que fui a visitarte,
se rompió un silencio que duró el otoño con más vértigo
que mis ojos y mis años han recorrido hasta ahora.
Fue en el justo instante de despertarme
cuando me di cuenta de que no me habías abandonado,
estuviste ahí todo ese tiempo;
fue justo en ese instante cuando reconocí
que tus demonios van a la misma velocidad que mi luz,
y que te haces infinito.
Como en un dibujo hecho a lápiz pareces fugaz,
como se desvanece el humo después de cada calada siento que te esfumas,
y como los lunes y el primero de cada mes, que vuelvas es siempre algo seguro.
Pero regresaría a ese momento y daría por ello la piel que marcas
y yo llevo por emblema debajo de mi ropa de invierno,
porque antes de escribir cualquiera de estos versos
te he mirado a oscuras con los ojos de un gato
y he ronroneado sabiendo que después iba a buscarte en este poema.
Lo
he sabido porque hay misterios que duelen,
como
que busque en las letras mi patria
y
la acabe encontrando cuando aparece el espejismo de verte sonriendo.
Lo
he sabido porque la puerta siempre se ha quedado mal cerrada
y
yo empecé con el miedo de un principiante pero ahora sé qué hay
que soportar
para
retenerte y no te agotes conmigo.
Lo
he sabido, en definitiva, porque todavía sé
que
tu nombre y el mío empiezan por la decimoséptima letra del
abecedario,
que
cuando tus manos tiran de mi ropa
yo
olvido dónde están cada uno de los puntos cardinales
y
que seguimos siéndole dóciles al tiempo, que es quien
nos da el espacio para ser tú y yo,
como
hemos sido en este poema.
Saltar sin miedo desde lo alto y gritar que no fuiste de verdad
o sólo lo imaginé y quizás si pueda dormirme al menos.
jueves, 25 de febrero de 2016
25 de febrero
He querido volver donde todo iba a empezar,
al primer día,
a esa noche de un miércoles de febrero
cuando un bar vacío
y mis ganas de conocerte se encontraron.
He venido al punto desde donde se supone que iba a pasar,
del final de la barra,
de tu amigo el camarero,
de las cervezas frías y el calor de tus manos.
A partir de esa noche
muchas veces he creído arrepentirme
y he intentado hacerme creer que no eras de verdad,
que el tiempo tenía la culpa
por no haberse presentado entre nosotros.
Pero sí eras de verdad.
Eras tan real,
que dormimos juntos
a pesar de parecer que lo imaginé,
pero tu brazo era mi almohada y nos cubríamos del mismo edredón.
La culpa la tiene el tiempo
por dejar que los minutos corrieran más lento
cuando pensaba que te echaba de menos,
que en aquellos momentos donde nos faltaba el aire.
Y en este efímero periplo,
que a mí en las ocasiones en las que me abrazabas
me parecía infinito,
he descubierto que en ti hay más demonios
que en todas mis pesadillas juntas;
que entre tanta oscuridad que quieres desprender,
destella una luz;
que todos los principios tienen el final que nosotros le queremos dar;
toda luna tiene su eclipse
y todo orgasmo su explosión.
La culpa la tiene el tiempo
por haberme dejado imaginarte
cuando yo sabía que no siempre ibas a estar,
porque esta flor nunca iba a crecer.
He querido volver donde todo iba a empezar,
a ese miércoles de febrero
donde conocí al hombre
que me robó más de una noche,
menos de tres suspiros
y millones de gritos envasados al aire
entre el sudor, el cariño y un adiós
que se escondía detrás del momento de acabar.
Todo queda tan lejano ahora desde este lado
que sólo puedo darte las gracias por haber sido y ser mi segunda derrota.
al primer día,
a esa noche de un miércoles de febrero
cuando un bar vacío
y mis ganas de conocerte se encontraron.
He venido al punto desde donde se supone que iba a pasar,
del final de la barra,
de tu amigo el camarero,
de las cervezas frías y el calor de tus manos.
A partir de esa noche
muchas veces he creído arrepentirme
y he intentado hacerme creer que no eras de verdad,
que el tiempo tenía la culpa
por no haberse presentado entre nosotros.
Pero sí eras de verdad.
Eras tan real,
que dormimos juntos
a pesar de parecer que lo imaginé,
pero tu brazo era mi almohada y nos cubríamos del mismo edredón.
La culpa la tiene el tiempo
por dejar que los minutos corrieran más lento
cuando pensaba que te echaba de menos,
que en aquellos momentos donde nos faltaba el aire.
Y en este efímero periplo,
que a mí en las ocasiones en las que me abrazabas
me parecía infinito,
he descubierto que en ti hay más demonios
que en todas mis pesadillas juntas;
que entre tanta oscuridad que quieres desprender,
destella una luz;
que todos los principios tienen el final que nosotros le queremos dar;
toda luna tiene su eclipse
y todo orgasmo su explosión.
La culpa la tiene el tiempo
por haberme dejado imaginarte
cuando yo sabía que no siempre ibas a estar,
porque esta flor nunca iba a crecer.
He querido volver donde todo iba a empezar,
a ese miércoles de febrero
donde conocí al hombre
que me robó más de una noche,
menos de tres suspiros
y millones de gritos envasados al aire
entre el sudor, el cariño y un adiós
que se escondía detrás del momento de acabar.
Todo queda tan lejano ahora desde este lado
que sólo puedo darte las gracias por haber sido y ser mi segunda derrota.
domingo, 31 de enero de 2016
Aforismo #5
Quizá para ti el último beso fuera el más dulce,
pero los mejores besos
son los que aún no me has dado.
pero los mejores besos
son los que aún no me has dado.
martes, 19 de enero de 2016
Objetivo de luz
Soy un alma dividida en dos: la derrota y la lucha, el pasado y el presente sin futuro, la nada y yo. Soy veinticuatro horas de noche eternas,
días que no cesan
porque no importa dónde estén situadas las manecillas del reloj,
los minutos no pasan.
Un estanque sin fondo
que mira el cielo despejado y anhela subir,
volar en otro rumbo aunque no encuentre dirección.
Ese cielo despejado que me ayuda
y me regala luz,
tonos de color
y fotos en blanco y negro.
Y es esa misma luz la que se cuela en mi objetivo,
y me hace plasmar la vida como yo la veo;
con músicos de calle,
poetas de bares
y vidas caminando entre las aceras de una ciudad nublada de viento.
Porque quizá en más de una ocasión
el arte ha llegado a salvarme la vida,
y me he dado cuenta trazando un recorrido,
donde los paseos entre callejuelas, plazas y avenidas,
y los cafés en locales de tres al cuarto,
me dicen dónde puedo estar,
de donde salir,
y dónde llegar.
A Antonio Salazar
viernes, 15 de enero de 2016
#5 Estruendo de enero
Anoche tus demonios y mi luz
se alinearon para correr en la misma dirección,
y por eso hoy llueve.
El cielo ha rugido
porque ha recordado cómo nos vigilaba junto al mar,
mientras sonaba Sleep like a baby tonight
y yo alargaba el instante del estruendo,
para estirar el momento del adiós.
Entonces siempre prometes volver pronto,
yo cruzo la calle
y tú me miras mientras me pierdo en las aceras.
lunes, 11 de enero de 2016
A solas
Uno de los mejores momentos del día
era cuando te tenía a solas.
Supongo que en ese momento
no imaginé lo que era meter a un cantautor bajo mi falda,
y que juntos compartiéramos la piel.
Era el momento perfecto,
porque mientras mis latidos retumbaban contra el colchón,
él escribía en braille sobre mi espalda
cada paso de esta historia,
sellándolos cada uno con un beso
y haciendo parada lunar por lunar.
Yo quería que no te acabaras nunca,
que tu luz y mi luz siguieran jugando en movimiento,
que el asiento de atrás siempre
nos recordase al primer "te quiero"
del que la noche fue testigo,
o que mis suspiros siempre fueran tuyos.
Era precioso encontrar dentro de ti un sentimiento
y poder llamarlo amor;
pero yo no pude compartirlo contigo
ahogada por el miedo de los incendios que me quemaron.
Pero yo sabía que sí era amor,
porque no sólo tú flotabas,
flotábamos los dos;
tú conmigo y yo contigo,
rompiendo todas mis barreras de seguridad.
La seguridad que me daban tus ojos sobre los míos,
cuando solo nos daba tiempo a estremecernos
sin tener miedo a que fuera de la habitación hiciera frío.
Porque era ese frío que viste en mí y no quisiste cambiarlo,
lo quisiste tal cual,
durmiendo con él y conmigo,
y esperando el día en el que amaneciéramos siameses,
porque la suavidad de mi piel solo buscaba el tacto de tus manos.
En cada cuerda de tu guitarra podía verme
mientras me susurrabas tus letras, entremezcladas con mis letras,
adornadas por mi delicadeza y tu ternura.
Ahora el miedo ha vuelto
y creo estar hecha de algún material que no sirve para querer,
por mi falta de ímpetu o valor,
aún no lo sé bien;
porque yo te pedí que cuidaras de mi fragilidad,
pero sin quererlo, has vuelto a romperme.
era cuando te tenía a solas.
Supongo que en ese momento
no imaginé lo que era meter a un cantautor bajo mi falda,
Era el momento perfecto,
porque mientras mis latidos retumbaban contra el colchón,
él escribía en braille sobre mi espalda
cada paso de esta historia,
sellándolos cada uno con un beso
y haciendo parada lunar por lunar.
Yo quería que no te acabaras nunca,
que tu luz y mi luz siguieran jugando en movimiento,
que el asiento de atrás siempre
nos recordase al primer "te quiero"
del que la noche fue testigo,
o que mis suspiros siempre fueran tuyos.
Era precioso encontrar dentro de ti un sentimiento
y poder llamarlo amor;
pero yo no pude compartirlo contigo
ahogada por el miedo de los incendios que me quemaron.
Pero yo sabía que sí era amor,
porque no sólo tú flotabas,
flotábamos los dos;
tú conmigo y yo contigo,
rompiendo todas mis barreras de seguridad.
La seguridad que me daban tus ojos sobre los míos,
cuando solo nos daba tiempo a estremecernos
sin tener miedo a que fuera de la habitación hiciera frío.
Porque era ese frío que viste en mí y no quisiste cambiarlo,
lo quisiste tal cual,
durmiendo con él y conmigo,
y esperando el día en el que amaneciéramos siameses,
porque la suavidad de mi piel solo buscaba el tacto de tus manos.
En cada cuerda de tu guitarra podía verme
mientras me susurrabas tus letras, entremezcladas con mis letras,
adornadas por mi delicadeza y tu ternura.
Ahora el miedo ha vuelto
y creo estar hecha de algún material que no sirve para querer,
por mi falta de ímpetu o valor,
aún no lo sé bien;
porque yo te pedí que cuidaras de mi fragilidad,
pero sin quererlo, has vuelto a romperme.
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