martes, 13 de octubre de 2015

Eras un sábado en espera de domingo

Eras un sábado en espera de domingo,
eras la lluvia de abril que llegaba desprevenida,
el verano que ardía con la sal en la piel,
un otoño sin nombre.
Eras pureza,
mi sencillez y delirio.
Eras el abrigo que me daba tu pecho,
la melodía hecha latido,
la emoción en verso con la mirada .
Eras el regreso del frío en puntos suspensivos.
Eras mi ciudad favorita
y por tus venas yo corría como si fueran calles.
Ahora,
ahora sólo eres recuerdo,
o quizá pasado.
Ahora tampoco lo sé muy bien,
pero fuiste.

lunes, 5 de octubre de 2015

Confesiones de atardeceres





A veces el sol se rompe 
y parece que el cielo se destruye.
Y yo,
atónita,
miro tu silueta a contraluz
y comienzo a reconstruirme.


miércoles, 30 de septiembre de 2015

Aforismo #3

Quiero que vengas y me aprietes los vértices,
que echo de menos tu sur.

Y perder el norte.

domingo, 27 de septiembre de 2015

#4 Septiembre de barrera

A veces quisiera decirte que odio tu manera de pensar,
tu forma de ser,
tu indiferencia descarada.
Quisiera saber por qué la máscara no descansa,
por qué no dejas ver el interior,
por qué no me dejas.
A veces he intentado entrar,
y parece que casi he metido medio pie,
pero me doy la vuelta y vuelves a camuflarte.
A veces quisiera decirte que no te entiendo,
que por tu culpa no me entiendo,
que desequilibras mis sentidos.
Pero caigo en la cuenta de que son más las veces que no estás,
que las que has pasado por mí.

domingo, 13 de septiembre de 2015

Como si la noche fuera para eso

El bar donde nos conocimos la semana pasada sigue igual,
la barra, las luces,
el baño.
Aquí se esconde la intensidad de la primera noche,
cuando salimos buscando el asiento trasero de tu coche.
Como si la noche fuera para eso
y los domingos por la tarde se limitaban a recordar lo que pasó
sin ganas de madrugar el lunes.
Hoy también es sábado por la noche y estoy al final de la barra
donde me pusiste la mano en la pierna,
pero esta vez tu coche no espera fuera;
mañana también será domingo pero yo no tendré resaca
ni me dolerán las piernas,
y el lunes madrugaré pensando que he desperdiciado este fin de
semana
por haber vuelto al lugar donde nos conocimos pensando que te
iba a ver
y que volvería a pasar.
Pero ya lo dijo Quique González,
la suerte es una ramera de primera calidad.

lunes, 6 de julio de 2015

En los bares

Siempre nos veíamos en el mismo bar,
yo sentada en la barra y él detrás.
Hablábamos, bebíamos,
y cuando nos emborrachábamos,
nos comíamos con la mirada 
hasta que una noche me llevó a su casa y todo comenzó a pasar.
La alegría de ver las sombras de su cuerpo sobre las sábanas de su cama,
y las huellas que dejaba yo en ellas.
El sudor y el vicio,
la emoción al impacto.
Sus manos que ya habían imaginado cómo robarme los suspiros
y crearme una tormenta.
El deseo no prestado que aumentaba por días a medida que subía el alcohol.
Las noches suicidas de dos
que necesitaban arrancarse una pena distinta
cada cual del cuerpo que le correspondía.
Y ya no hay sólo noches de barras de bar y sombras bajo el edredón,
sino días donde él seguía algo más que el vuelo de mi falda
y yo el arrecife de su boca.
Y mientras, la ciudad nos vigilaba de cerca
y veía nacer algo que aún no tenía nombre,
pero predecía que era un viaje muy largo.